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De repente, una cara conocida.

Tenía la tele puesta.  En uno de esos canales que no saben con qué llenar todas las horas del día y la noche -tantas, demasiadas- ponían un episodio de una vieja serie americana, una de hace cuarenta años.   De repente, veo en pantalla la cara de un chavalín; y algo encaja dentro de mi cabeza, con la consiguiente dosis de sorpresa y asombro.  Le pongo nombre, el de un actor bastante conocido hoy día.  Uno que ha participado como coprotagonista en muchas, muchas comedias... Estoy casi seguro de que es él, pero quiero tener la certeza absoluta.  Conque me lanzo a una búsqueda rápida por Internet y sí, en menos de cinco minutos lo he comprobado.  "Vaya", me maravillo.   Es al revés que en ese viejo chiste de Eugenio:  "Doctor, vengo a que me reconozca".  "Pues ahora mismo, no caigo..."  (Bueno, ¿verdad?) No es que a mí me pidan darme cuenta de quiénes son, pero lo hago.  O me ocurre: como lo queráis ver. Otra vez el domingo p...

Metáfora.

Si como a mí te gustaran los cómics y llevases leyéndolos desde hace décadas, sabrías lo que quiere decir eso de la continuidad. Sencillamente que cuando sigues las andanzas de un personaje, todas las historias publicadas hasta el momento cuentan.  O, al menos, deberían. Aunque quizá hay historias que, por una razón u otra, no acabaron de calarte.  El guionista Peter David decía que, en ese caso, en secreto las desdeñas y no las tienes en cuenta.  Que te quedas con lo bueno, con lo que te gusta y punto.  El resto, agujeros en los que no pensar. Y que, de ese modo, cada cual llevamos en la cabeza nuestra propia continuidad de tal o cual personaje; incluso de cada compañía editorial.   Creo que es cierto, desde luego.  Somos -no me parece exagerado verlo así- testigos de sus vidas, como si hubiésemos estado allí mismo, acompañándolos.  Y te sorprendes cuando alguien saca a relucir tal o cual número que no recuerdas (o te viene con una escena que no ...

Mientras me debato, unas cuantas anécdotas de otra época.

  Hoy está resultando ser un día especialmente difícil.   Apenas puedo sujetarme mientras voy de la cama al sillón y de vuelta a la cama.   Hacer el desayuno y luego fregar se ha convertido en un desafío, ya no os cuento lo mismo con la comida y la cena.   Hubiera querido bajar los plásticos al contenedor, pero no me ha parecido sensato tal y como me encontraba.   Lo peor es que tras dos horas largas escribiendo esta mañana (sentado ante el teclado), había conseguido que mis entrañas se quedaran en su sitio…   Y me ha dado por limpiar algo soplándolo, sin pensar, y todo se ha ido al traste.   Maldita sea mi estampa.   Puedes ser el tío más cuidadoso del mundo, pero da igual; porque al más mínimo descuido, adiós. Lo de después de cenar ha sido peor.   Todo lo que se descoloca y escapa, acto seguido avanza y presiona y trae angustia.  A veces, el vacío que deja dentro trae consigo un desplome del interior y hablo de algo físico, de mi cu...

ABOCETA.

  Era un sábado por la tarde de finales de marzo.  La charla con el guionista que iba (ja, qué risa) de progre y peligroso y el dibujante de su serie estrella –un tipo amable con la diversión brillándole en la mirada- había terminado.  En aquel salón de actos, apenas cinco minutos antes con la gente aún sentada pero ya aplaudiendo a rabiar al oír que se iba a dar paso a la (casi obligatoria) sesión de firmas, una alegre algarabía festiva llenaba ahora el aire.  Ya sabéis, no tanto como para no poder entenderse, pero…  Y un aluvión de fans del cómic llenábamos el pasillo central haciendo cola para que sí, nos firmaran la portada de tal o cual tebeo.  A mí me tocó  de los primeros.  Me echaron un par de garabatos bastante airosos con rotuladores de tinta de color metalizado (dorado, si recuerdo bien), les di las gracias y una sonrisa radiante y me quité de en medio para dar paso a quien sea que tuviese detrás en la fila. Y alguien vino a tirarme de ...

NO, NO TIENES PODERES.

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Se me ha ocurrido esta mañana: una idea para un libro corto y muy, muy loco.  Por suerte, por falta de confianza o por volver a mis cabales (elegid lo que más os apetezca), el entusiasmo y la tontería se me han pasado ya.  Y como sé que os lo pasáis bien con cualquier cosica, pues os pongo a continuación lo que ha dado de sí el día... --------------------------------  PRÓLOGO.   No, no tienes poderes. Diría que lo siento, pero no.   No tienes poderes.   Y menos mal. Es una suerte.   Tú crees que molaría, pero ¡qué va!   Lo lógico es que la cosa, antes o después, te acabase pasando factura y de las   caras. Ya, ya.   Sé lo que estás pensando, prenda: “Oh, yo aprendería a manejarlos y…” Nah.   Si tuvieras poderes (que ya hemos quedado que no, ¿de verdad lo tengo que repetir?), la cosa se torcería muy, muy pronto.   Probablemente, te aborrecerías de las mil y una faenas [1] que tus (supuestas) habilidades extraordin...

Diccionario antes de dormir.

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Ocurrió hace mucho tiempo.   Estaba curioseando en la sección de idiomas de una librería y encontré un diccionario visual de italiano, a todo color y organizado por temas.   Poco más que un libro de bolsillo, pero flamante de puro nuevo y lleno de material.   ¿Y qué se me fue a ocurrir? “Vaya, qué idea tan buena.   Con esto, me pongo a ratos y si alguna vez vuelvo a visitar Italia, tendré una soltura de campeonato…” Supongo que os estaréis riendo a carcajadas a estas alturas y haréis bien.   Años, un montón, ha estado sin abrir en casa.   Primero en una estantería y después, ya la derrota absoluta, guardado en un armario (por aquello de “Fuera de vista, fuera de mente”.   Vamos, “…que estorbas”). El caso es que hace unos días lo saqué de su exilio en el altillo del empotrado y por la noche me lo llevé a la cama para mi hora habitual de lectura de antes de intentar dormir. Y sí, es curioso: es más o menos una hora.   Leo el rato que me parece...

Pírrico.

Una cartulina blanca recién desenrollada.  A la curva, tras sacar la goma elástica, le cuesta rendirse...   Tiro con lápiz y cierta torpeza la idea que llevo en la cabeza.   Rotulo y compongo y encajo líneas y sombras -algo falto de acierto, pero no es que importe- durante horas y horas, las suficientes para llenar tres días.   Una de esas carreras de fondo llevado por cierta devoción –cierta fiebre- y la cabezonería y el motivo más común del mundo: porque puedo...  O eso creo.   Y sí, sí.   Ya lo creo que puedo. La imagen, un torbellino de rayas y puntos gruesos y clavados con prisa, se va adivinando y definiendo hasta dejarse entender.   Tosca, claro.   No es perfecta ni de lejos, pero da igual.   La luz, el blanco y negro, el hueco jugando a hacer de negativo…   Os asombra. Es una sorpresa para quien no me conoce: algo que nadie se esperaba, por tanto.   Y os lo quedáis.   “Nuestro”. Pues vale.   Justo lo q...