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Las cuatro cosas que necesito para seguir viviendo.

 Algo lo bastante urgente como para pararme a escribirlo antes del desayuno. 1.-  Dinero en mi cuenta corriente.  Que mis libros empiecen a venderse como deben (y, muy probablemente, merecen) entre los miles de personas a los que podrían gustarles.  O que me toque la lotería: si ocurre, hey, perfecto (me dejo y encantado, muchas gracias).  En el peor de los casos, ay, encontrar un empleo en que me apreciaran y me sintiese contento.  La idea es conseguir ingresos y con ellos, la consabida tranquilidad para ir tirando.   2.-  Salud; o, al menos, que lo que no ande del todo bien por dentro no muestre síntomas que dificulten el día a día.  Que las malditas piedras de los riñones se queden donde están sin crecer (o, si les da por salir, lo hagan pronto y sin traer tanto tormento); que nada más se me descosa; que mis articulaciones sigan la marcha sin dar sustos; perder peso y regular la tensión arterial...  En fin, creo que se me entiend...

Rosconero

Un roscón.  Uno pequeño, pero me lo he comido de una sentada.  Tirando de cuchillo y tenedor, os reiréis -seguro-, pero no sabía si parar en algún momento y guardar el resto.  Aunque no.  Ha caído entero.  Y después la cosa es darle tiempo, como a todo en la vida.  Tiempo para digerirlo. Ese tiempo incluye cierto reposo.  Respirar, claro; pero más tranquilo, más despacio, sin prisa.  Parar; o, al menos, ir a otro ritmo, uno sensato.  Tiempo para la serenidad. Al santo del día también le atribuimos en esta ciudad nuestra el título de "ventolero".  Hoy no ha sido el caso.  Pero no es raro tener un veintinueve de enero de cierzo frío, del que despeja las calles y obliga a ir bien abrigados.  Son festivos de mañanas luminosas, el sol de enero en su mejor momento.  Recuerdo alguna mañana así, de hace mucho tiempo; cuando el mundo era otra cosa.  Podría ponerle fecha: un enero del ochenta y ocho o del ochenta y nueve......