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Mis dos fuentes favoritas de Zaragoza capital.

Quizá no supongan una sorpresa; quizá sean las favoritas de gran parte de la ciudadanía aquí, en la ciudad del Cierzo.  No lo sé; me temo que mis gustos no siempre se corresponden ni con los de la mayoría ni con los de la moda del momento.  Pero bueno, allá van... Una, romántica: la de la pareja andando y cogida del brazo bajo un paraguas (sobre el que "llueve" el chorreo de la fuente) en el Paseo de la Constitución.  Una escena íntima, algo quizá del pequeño día a día...  Me gusta muchísimo.  Con eso de que se halla tan céntrica, paso muchas veces por ahí, a su lado; y siempre levanto la vista siquiera un momento para sonreír, cómplice, a los amantes.  Un mero "Buena suerte..."  Y  acto seguido los dejo atrás, a lo suyo. Otra, fantástica: la del dragón que surge del pequeño estanque en la Avenida de Cataluña.  La primera vez que la vi, el asombro me dejó sin palabras.  ¡Qué atrevimiento!  ¡Qué maravilla!  Como salido de un cue...

Rosconero

Un roscón.  Uno pequeño, pero me lo he comido de una sentada.  Tirando de cuchillo y tenedor, os reiréis -seguro-, pero no sabía si parar en algún momento y guardar el resto.  Aunque no.  Ha caído entero.  Y después la cosa es darle tiempo, como a todo en la vida.  Tiempo para digerirlo. Ese tiempo incluye cierto reposo.  Respirar, claro; pero más tranquilo, más despacio, sin prisa.  Parar; o, al menos, ir a otro ritmo, uno sensato.  Tiempo para la serenidad. Al santo del día también le atribuimos en esta ciudad nuestra el título de "ventolero".  Hoy no ha sido el caso.  Pero no es raro tener un veintinueve de enero de cierzo frío, del que despeja las calles y obliga a ir bien abrigados.  Son festivos de mañanas luminosas, el sol de enero en su mejor momento.  Recuerdo alguna mañana así, de hace mucho tiempo; cuando el mundo era otra cosa.  Podría ponerle fecha: un enero del ochenta y ocho o del ochenta y nueve......