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Fracasado.

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  Fracasado.   Así me siento. Lo de ayer, por ejemplo.   Oí aquello en las noticias y me faltó tiempo para saltar al teclado y sacar esa tormenta que me venía rondando y convertirla en una entrada de blog…   Una que no he parado de releer y reescribir: puliendo, precisando, intentando encontrar el camino para tanto.   Horas y horas: hasta hace escasos minutos, en realidad.   Y si lo dejo, es por agotamiento.   Me rindo. En su lugar…   El plan que tenía para ayer era escribir un cuento.   Veréis, tengo una especie de pacto con Dios: si Él me envía una idea, yo escribo el cuento.   Algo simple. Y ayer le fallé. Y me fallé a mí mismo.  Y a cualquier pretensión de seguir con la cabeza por encima de la línea del agua que va subiendo, tratando de ahogarme... Había un concurso de relato breve cuyo plazo de presentación acababa ayer. Me hacía tilín: no tanto por el jugoso y tentador premio, no.   A esas cosas se presentan cie...

Viernes de paseo.

La de ayer fue una mañana de paseo; una con jirones de nubes blancas en el azul del cielo.   ¡Qué clara, qué bonita la luz de la mañana!   Mis ojos, viejos de tanto mirar papeles durante años, al rato acaban por enfocar con nitidez el alto de las casas, la intensidad de amarillos y verdes en las hojas de los árboles de octubre, la lejanía en las calles sabidas de carretilla de tanto andarlas.   Sí, salí a andar; libre, siquiera durante un par de horas.   La lluvia y el viento del día anterior arrancaron miles de esas hojas.   Hay una pauta de manchas en las baldosas de las aceras: manchas húmedas de las hojas, restos de pigmentos foliares, de polvo y humos.   Manchas sucias, orgánicas; la pista de huida de una criatura viva, esquiva, invisible en la decadencia de la rutina ciudadana…   Salvo para los barrenderos que se desesperan ante el avance del otoño (y lo que dé de sí el invierno); y, quizá, para tantas personas mayores que pisan frágiles, inseg...