Pírrico.
Una cartulina blanca recién desenrollada. A la curva, tras sacar la goma elástica, le cuesta rendirse... Tiro con lápiz y cierta torpeza la idea que llevo en la cabeza. Rotulo y compongo y encajo líneas y sombras -algo falto de acierto, pero no es que importe- durante horas y horas, las suficientes para llenar tres días. Una de esas carreras de fondo llevado por cierta devoción –cierta fiebre- y la cabezonería y el motivo más común del mundo: porque puedo... O eso creo. Y sí, sí. Ya lo creo que puedo. La imagen, un torbellino de rayas y puntos gruesos y clavados con prisa, se va adivinando y definiendo hasta dejarse entender. Tosca, claro. No es perfecta ni de lejos, pero da igual. La luz, el blanco y negro, el hueco jugando a hacer de negativo… Os asombra. Es una sorpresa para quien no me conoce: algo que nadie se esperaba, por tanto. Y os lo quedáis. “Nuestro”. Pues vale. Justo lo q...