Mensajes.
Mensajes, sí. Dentro de la metafórica botella, llevados por la corriente hacia algún lugar del futuro. Te das con ellos mientras lees un libro, zas, casi se diría que a traición. O cuando por A o por B revisas las carpetas donde en su día ibas guardando -acumulando, sería el término más ajustado- tus documentos, tus papeles, tus cadenas para con la vida. Y te encuentras con esa otra versión anterior de ti, más ignorante, y por lo general lo mejor que puedes hacer es asentir, comprensivo, y dejarla pasar lo antes posible. Porque cuantas más vueltas le des, va a ser peor... O te puede ocurrir como a mí hoy, hace un rato. A la hora de comer. Suena una canción, algo que le gustaba a un viejo amigo. A uno ya perdido, tantos años atrás... Y te acuerdas. De la letra, por supuesto, pero sobre todo de la persona. Oyes la canción entera, te la sabes de carretilla. No estaba en casa, entendedlo. Estaba comiendo fuera......