La especialización constriñe las posibilidades de encontrar trabajo.
Y eso es exactamente lo que hace.
Vivimos en un sociedad que organiza las actividades profesionales dentro de marcos estrictos. Actualmente, lo primero que se te pide como candidato a muchos, muchos, muchos trabajos interesantes es un título académico de algún tipo.
Soy un buen redactor; pero no puedo acceder a un trabajo en una revista, un periódico o una emisora de radio o televisión porque no he estudiado periodismo.
Me tocó ser parte del personal de la biblioteca de alumnos y de la de mandos durante aquel año de mi servicio militar... Y luego he sido el encargado de la biblioteca en varios coles en los que ejercí como maestro de primaria. Compraba libros, les daba de alta, ponía tejuelos, reparaba, prestaba, recogía, devolvía las obras a su lugar en los estantes y usaba el programa de gestión (el ABIES de marras), preparaba y llevaba a cabo actividades de animación a la lectura... Da igual: hoy día no me puedo presentar a un trabajo de bibliotecario porque no he estudiado biblioteconomía.
No se me da mal ni leer ni interpretar. Como amateur, durante años he creado mis propios textos, mis propios espectáculos. Rayos; siendo un chaval, ya ganaba concursos de dobles y hasta me las apañé para llegar a ser pregonero en las fiestas del pueblo... Por cierto, haciendo reír y disfrutar. Una rara avis para lo que suele darse en tantos balcones de ayuntamiento.
Me apunté a clases de teatro aquí o allá, pero nunca duré mucho en ellas. Y no, no tengo títulos de interpretación. Ni un papel que mostrar como prueba de aprendizaje actoral.
Así que si yo sólo tengo un diploma de profe, lo que me dice esta sociedad nuestra es: "Sólo puedes ser maestro" (o casi). "¿CÓMO, QUE LO DEJASTE? ¡ESTÁS PERDIDO...!"
Ahora, el truco del almendruco. Giramos el estúpido criterio, así, un poco más... Justo. TE ESTÁ APUNTANDO. SÍ, A TI. ¿Qué estudios tienes tú? ¿Qué título te condena a hacer UNA SOLA COSA toda tu vida en este mundo sin imaginación?
Yo dibujo; a mi manera y como sale, desde luego. He ido aprendiendo a manejar programas de pintura, de grabación de sonido... Da igual. No soy ningún experto. Sólo un usuario aventajado.
Puedo escribir novelas. Puedo escribir romances de quinientos versos. Puedo crear rótulos creativos y a color, algo con gracia... Y sin necesidad de IA.
Pero claro: ¡hey, tenéis la IA! Todo resuelto, ¿a que sí? Le dais a un botón y zas, magia. Y si alguien quiere trabajar, os diréis, que descargue camiones o se compre un patinete...
¡Y el karma, hay que chincharse, de vacaciones!
Sé pensar. Sé resolver problemas de geometría. Estoy seguro de que el 99,99% de la población ni sabe ni puede.
Y cada día se me da mejor el inglés, el dichoso inglés. Ése acerca del cual tantos de vosotros habéis mentido usando palabras como "nivel" (lo usan los albañiles) y "medio" (que es donde viven las ranas, las mariposillas y hasta la gente común y corriente). Una vez más: no, no tengo títulos. No tengo acreditaciones con códigos alfanuméricos. Sé cuanto sé y llego hasta donde llego, ya está.
Sé hablar en público; no sólo me sé explicar con orden y claridad, sino que además soy... Iba a decir "ameno", pero "divertido" probablemente se ajuste más a los hechos.
(A no ser, por supuesto, que la ocasión se trate de contarle a una multitud por qué van a morir todos. Pero confío que de eso, como siempre, se encargarán los telediarios).
Sé contar una historia de forma visual en cómic, en vídeo... Y, desde luego, sé cuando algo no está tan bien como sería de desear. ¿Que por qué lo sé? Fácil: porque se me ocurren soluciones mejores. Sé cuándo entrar en una escena y cuando salir de ella. Sé cuándo sobra un plano y cuándo sobra una frase o peor, un diálogo entero. Sé que lo breve y lleno es lo que nos mueve; y sé que el silencio puede ser no sólo adecuado, sino ideal y hasta imprescindible. Sé que la intuición de los tiempos (lo llaman "timing" por algo) es fundamental cuando estás contando una historia...
Sé montar una historia. Sé presentarla, gestionar la información en cada una de sus partes de modo que la entiendas y te entretenga, sé levantar picos de interés y de emoción y maldita sea si no sé rematarla como se debe.
Soy un tío con un currículum de campeonato; alguien lleno de recursos, con una capacidad que se nota enseguida. Y no me hagáis hablar del potencial que aún me queda después de todo eso.
Pero, para mi desgracia, soy un humanista. Un generalista en un mundo de nichos especializados.
No puedo encontrar un trabajo adecuado a mis capacidades (y, desde luego, a mi edad, que ya la voy teniendo) ni a la de tres.
Así que soy un paria para el mercado laboral actual.
Lo que, personalmente, va a ser un problema de campeonato.
Sí, sí, claro. Para mí. El mercado laboral no tiene personalidad: sólo prejuicios y torpeza.
Como dos de mis mejores cualidades son la sensatez y la capacidad para ponerme en el punto de vista del otro, admitamos algo importante: hay trabajos que deben resolver los especialistas y sólo los especialistas. Creo que lo mencionaba Seth Godin en uno de sus libros... Nadie querría que le operase a vida o muerte un cirujano amateur, ¿verdad? Y puestos a irse de vacaciones en avión, mejor que lo lleve un piloto con años de experiencia. Hasta ahí, algunas cosas son como deben ser.
Y sí, comprendo que para organizar una biblioteca hace falta alguien que sepa del asunto. No como yo, que -eso sí- lo bordaría como personal de apoyo. Vamos, "currito" de a pie (y tan contentos).
Y también que a los periodistas, como a cualquiera, pueda molestarles el intrusismo profesional. Aunque aquí se pueda alegar que para según qué trabajos de plumilla, alguien que sepa de lo que habla puede dar un artículo o un reportaje mejor. Hablo de un cinéfilo para escribir sobre una película o de un apasionado (de décadas y décadas) del fútbol para contarnos todos y cada uno de los detalles de un partido trascendental. Es de cajón.
Pero tranquilos: al cine, ay, hace tiempo que ya no voy. Y nunca me han interesado demasiado los deportes de competición.
Que los perfiles sirvan como restricción en lugar de como fuente de posibilidades demuestra la pobreza, la falta de inteligencia y hasta la mezquindad a la que se acaba ciñendo no sólo el mercado laboral, sino la parte de la actividad empresarial que necesita imaginación, optimismo y, sí, valor para crear algo inesperado por nuevo y por mejor.
Ay.
Cuando se habla de búsqueda del talento, me da la risa. Es como ese chiste en que un borracho a las tres de la mañana buscaba una moneda no donde se le había caído sino debajo de una farola cercana; porque, al menos, ahí algo veía.
Y creo que si el talento en general no se busca con otros parámetros y con más creatividad es porque, oh cielos, se considera que fuera de los márgenes sabidos la gente no da para mucho más. Lo cual es tristísimo.
Donde lo haya y sea una pieza circular, mientras sólo busquen los dueños de agujeros cuadrados, será desestimado y desperdiciado...
Por mucho que haya círculos que encajen, inscritos, tocando en cuatro puntos los respectivos lados de ese cuadrado que tanto les importa.
¿Veis?
Ya os he dicho que a mí, al menos, cuando se trata de geometría (y mira, hasta de metáforas estirables) se me dan bien las soluciones alternativas.
Un talento raro, sí, ya. Lo sé.
Y sospecho que os ha de pasar de largo: volando, fiu, adiós...