El fin de una etapa.
Me he dado de baja como escritor de libros autónomo.
El último año y medio, la situación resultaba insostenible. Y, sin embargo, he seguido allí hasta que no he podido más.
Porque tenía ilusión. Porque quería mantener los libros disponibles.
Quizá porque todo este tiempo he estado esperando algún tipo de milagro, uno que lo resolviese todo. Pero no se ha dado.
El dicho es que "Cuando se cierra una puerta, se abre otra". Ahora mismo, no veo nada.
Llevo días mandando CV por email a todos los sitios que se me han ocurrido y de los que haya encontrado una dirección que sugiera que hay una persona allí para atender lo que llegue. Ha habido personas amables que me han respondido, aunque fuese para dar un "no". Es de agradecer: las buenas maneras, la comprensión.
Se me ocurrió la idea de tirar de Patreon; pero no me parece una solución a corto o medio plazo, pues es algo que requiere dedicación, dejar un fondo largo de trabajo previo, construir. O, al menos, yo así lo entiendo. Quizá, si fuese capaz de producir y publicar contenido breve y con frecuencia... Pero con el ánimo que gasto en estos momentos me parece muy poco probable.
Ayer fui a recoger mis dos últimos libros, de los que no tenía ejemplar en papel: la segunda edición de "...la mascota" (que saqué en enero del 25) y mi primera novela, que decidí poner ahí fuera siquiera por unos días. Han quedado bien: con el papel crema y la letra visible... Algo cómodo para la vista; páginas de aspecto acogedor.
Ahora mismo toca reinventarse. Una vez más.
Por el momento, la vida sigue. De qué manera y en qué parará es un misterio para mí.