Mi novela "¡TE LEO, CIELO!" Cap. 35 / La Estrategia como hoja de pentagramas (si tu vida es Música).

Los bártulos de viaje de mi tía Myrtle inundan el otro cuarto (ahora mismo, "habitación de invitados".  Mpf.)

-En realidad, las llaman "licuadoras".

-¿Desde cuándo?

Me deja perpleja.

-Qué sé yo, ¿desde siempre?

-¿Ves?  Es lo bueno de las listas de boda: todo está expuesto, a la vista.  Basta con decirle a la dependienta "Quiero esto" y sacar el monedero...

Ahí lleva razón. 

-¿Sabes dónde cae Pickinton's?

-En Oxford Street.  Vaya, tu amiga se lo ha montado a lo grande.

-Se casa con un magnate del aguacate.  Por Dios, no digas nada: estoy harta del chiste.  Las chicas y yo lo llevamos sacando a colación cada vez que mencionamos a Ellen, la boda o cuando Lynn hace su parodia del mariachi, que es...

-En cuanto respiras en su dirección, me acuerdo.

Como imitar a un humorista pasado de moda.  A Lynn le funcionó una vez aquello en una despedida de soltera.   Tal y como lo contaba tía Myrtle, todas las amigas se despepitaron de risa y lo recordaban cada dos por tres.  Ahora maldicen tanto entusiasmo.  Lynn, sosa de toda la vida y con el mismo atractivo que una mofeta en una fiesta de sabuesos, se aferró a aquello y ya no lo soltó, no importaba lo claro que su círculo le expresase su hastío por el numerito.  Ni siquiera ante un "Vaya, Lynn, el mostacho falso te favorece".

-Y si nos vamos a comer por ahí, adivina lo que pasa a la hora del postre.  O si nos da por pedir un cocktail tropical...

-Guau.  Conque el novio amasó su fortuna con la fruta, ¿y tú eres la de la licuadora?

-Cruza los dedos porque no esté pillada.

Los cruzo y la acompaño al centro.  Total, me pienso pasar por la guarida de Bob "Morlaco" Berzinski en Notting Hill a ver si cae otra historia para su magazine de lo sobrenatural.  Tía Myrtle va eligiendo en el metro y por la calle su renovación de fondo de armario:

-La falda de vuelo de Kashmir azul, crema y rosa etéreo de esa chica tan flaca del bolso hippie... La camisa de ese tío tan alto y guapo.  No me digas que no me quedaría bien si pillara un poco de sol en la playa...   Esos pantalones de pata de elefante.  Hace siglos que no veía unos así...

Todo ello, no faltaría más, señalando hacia los pobres "pasadores de modelos", meros ciudadanos con mejores cosas que hacer (y en esa voz especial que araña, pretendiendo pasar por susurro, cuando se puede oír desde unos cuantos centenares de metros).

Una vez perdida la dignidad y con tía Myrtle despidiéndose desde la puerta de Pickinton's con amplios vaivenes de su mano (haz olas para decir hola), mis labores como sobrina de pro caducan por el momento y puedo salir zumbando.  Por comparación, la población apícola de toda la isla decide montar una macromanifestación de repulsa, pero en ese momento un becario de físicas enciende su electroimán experimental en la cocina de su casa y provoca un apagón, una pérdida de 2.7 puntos en las finanzas de la city y el suicidio de cuarenta millones de abejas en las frías aguas del Mar del Norte. 

Me como un pastel en Portobello Road.  Llego a casa de "Morlaco".  El timbre suena con un carrillón de campanitas tocando a Katchaturian.  Casi me da un síncope cuando un pingüino gigante me abre la puerta.

-Pasa, me estoy probando el disfraz para el Carnaval.

-Jesús.  ¿No vas un poquito adelantado?

-Noup.  Hace un par de años mis amigos y yo decidimos ir de "Cementerio de los Elefantes" y nos cogió el toro.  Culpa del optimismo y de montar los planes en el pub durante la Hora Feliz.  Te aseguro que quince tíos vestidos con mallas negras bien apretados bajo un solo esqueleto de paquidermo de papier-maché blancuzco en pleno Agosto es un disfraz de dar pena.  Y calor.  Y un poquitín de vergüenza de más.

-No me hables de vergüenza.  Mi tía ha venido del campo profundo a quedarse un par de días y ha decidido hacerlo evidente de mi brazo  y por medio del Gran Londres.

-Mis condolencias.  Pasa, baja a la "oficina" y ponte algo de beber.  Voy a devolver el smoking a la nevera.

Es verano; hay que hidratarse, chicos.  Pillo un par de latas frescas del arcón del sótano y me las ventilo antes de que "Morlaco" vuelva a aparecer con sus típicos pantalones cortos y una camiseta negra con el slogan "Si me guardas el secreto..." en color pardo bajo una silueta gris claro de dos templarios a lomos del mismo caballo. 

Debería presentárselo a DeMoors.

La idea me tienta apenas unos segundos, lo justo para que se pase la novedad. 

-¿Has acudido al sentir mi llamada telepática?  Tengo algo para ti.

-Si piensas mandarme a la sala de las momias del Museo Británico con un papel viejo a leer un escrito misterioso en lenguas muertas, será mejor que sepas que rechazo el trabajo.

"Morlaco" se carcajea a gusto, y luego se contiene como puede.  Que es apretando los ojillos de bromista y meneando de arriba a abajo el dedo índice extendido en mi dirección.

-Es curioso, ahora que lo mencionas... 

-Ni hablar.

-Espera, fiera, espera.  Ignotia no es la única publicación de Berzinski Editions.  Hotel El León Rampante, mañana viernes a la una del mediodía.  En el restaurante.  La mesa está a nombre de  Nick Ziro.

-No me suena.  Ugh.  Espera: rima con "vampiro"...

-Que no, Pecker.  Es el bajista y líder de los Sirsinia, a punto de empezar su gira mundial aquí en Londres mañana por la noche. 

-¿Me estás invitando a comer con una banda de rock?

-A que los retrates mientras coméis.  Las preguntas de rigor -y "Morlaco" se pone a contar los dedos de la mano izquierda con su vérsatil índice de la derecha- :

      F)"¿A qué suena vuestro último disco?"

    G)"¿De verdad habéis resuelto las viejas enemistades o la reunión de la alineación original de la banda sólo es una estrategia comercial?"

    H)"¿Por qué habéis decidido cambiar de sello discográfico si Neil Sterside, el productor con el que conseguisteis vuestro gran éxito "Burnt Jeans", ha salido ya de la Clínica Tuttock para Pastillómanos y Estresados...?" 

-Ya –digo.

-Vamos, lo normal.  Si se te ocurre algo nuevo y/o brillante, por favor, no te lo guardes.  Revolucionarás el panorama del periodismo musical.

-Entonces...  ¿Nada de plesiosaurios siguiendo la estela de las piraguas durante cierta regata tradicional en la ciudad? ¿Ni naves triangulares sobrevolando Kensington y dejando caer octavillas de "Su almuerzo en Sharihnoohpi, bocadillos de otro mundo?  ¿Ni un miserable poltergeist en un bar durante la celebración de la Copa de Campeones?  ¿Nada divertido?

-Oh, creo que encontrarás a los chicos de Sirsinia bastante divertidos. 

-Tururú.  Lo dices con la boquita pequeña.

-No, no, de verdad.  Nick tiene seis dedos en su mano izquierda y cuatro en la derecha, escúchalo tocar el bajo y ya me dirás; el batería, Lyman DePete, participa todos los años en un concurso de lanzamiento de piedras grandes en su aldea natal de Escocia;  el cantante, Roe Jiver, gasta al menos nueve personalidades distintas reconocidas, algunas desayunan estilo Continental y otras un simple termo de café negro (siempre me ha parecido una dieta muy completa); y los dos guitarras, los hermanos Plengo, son sacerdotes de Bast, diosa egipcia del calor solar.  Posiblemente por eso han sido detenidos más de trescientas veces en las playas del sur.  Los chicos se toman muy a pecho su religión.  Si llevan siquiera servilleta durante la comida, apúntalo para el reportaje.

-Jefe, según nuestra paisana Randall, te encantó lo que te pasé para Ignotia.  ¿Por qué me cierras las puertas de lo raro?

-Si no te las cierro...  Vale, vale, primicia para la novata: tengo pensado mandarte antes del viernes al Gales oriental a averiguar si lo que han visto corretear por los campos es una pantera negra de otra dimensión o un gato gordo escapado de las minas, ¿de acuerdo?  Pero no te lo digas a ti misma.  Es un regalo por lo bien que estará el artículo sobre El Almuerzo de los Sirsinia.

-Es un trato -y le extiendo la mano.

Él escupe en la suya y Eeeeeeeew, la choca con la mía.  NO.  Quiero.  Pensarlo.

(Y no puedo dejar de hacerlo.  ¡Aaaaaaaaaaaargh!)

Conque le saco para los gastos de la comida.  Arrea: varias veces el precio de mi futuro artículo.  No os diré cuántas veces por no deprimirme.

-No se te olvide - le chuleo mientras me largo de ahí con la carpeta del dossier de la banda.

Termino en la floristería, por rutina y por achuchar a ese pedazo de hombre al que mi mejor amiga tiene amenazado con una buena tunda de zurras de sacudidor de alfombras en las posaderas.  Es un farol, claro: Jill sabe que, horario cumplido o no, ese culete es mío.  Por muchas espinacas que se tome.

Después de los baboseos y sobeteos de rigor -media hora larga de reloj según las quejas de Jill (¡Qué picajosita se me ha vuelto esta muchacha!) -y en cuanto se despeja la floristeria de clientes, les hago un resumen de mi mañana.  Y de mi muy guardado secreto.  Motivo de una Mirada Severa de las Buenas por parte de los dos. 

Mejor no los pierdo de vista, que andan muy compenetrados últimamente...

-Así que vas a ayudar a DeMoors con su nuevo libro. 

Suspiro.  Larga y sostenidamente ("Cuanta redundancia", aprovecharía a soltar su veneno mental Rebecca).

-Sí.  Pero también voy a entrevistar a esos músicos, y me largaré a ver si encuentro a la pantera de las tierras negras.

-O a si te encuentra ella a ti -apunta Ben.

-Así, así, querido, ponlo interesante -desafío a mi novio y le largo una colleja amistosa.

Cuando Jill pone esa cara de gallina con gases, es que se está guardando algo:

-Habrás pensado que, si ayudas a DeMoors y a ese pobre chico de la editorial, Adriana te la guardará eternamente...

-Si se entera -apunta Ben.

Jill le dirige su mirada vacilona de "¿Acaso esperas que no?"

Yo requetesuspiro y replico con desmayo: -Sí.

Hay un rato incómodo entre los tres.  Por fín, Jill lo suelta.

-Bueno, no nos preocupemos más.  ¿Sabes?  Tengo una idea excelente.  ¿Por qué no leemos "Sabios de Oriente"?

-Ya lo hemos hecho.  Los tres, creo -replica Ben, confuso.

Pero yo sé por dónde va mi amiga.

-En voz alta, lectura por turnos.  Un poquito cada día.  Por recordarle a Pam de dónde venimos...

Ben salta de su banqueta.

-Voy a por mi copia.

Al rato, con bebidas frescas, estamos los tres en el saloncito de casa de Ben. Mi amorcito le da un sorbo a su té helado y arranca el capítulo 1:

-"El cadáver del rey estaba cubierto de hormigas..."

-Un principio con fuerza –apunta Jill.

"Justo lo que necesitábamos", se me ocurre al instante.

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¡TE LEO, CIELO! © 2009, 2025 Carlos Pueyo Montañés

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