Mi novela "¡TE LEO, CIELO!" Cap. 25 / Hecha de pulpa.
Para cuando llega la mañana siguiente han pasado un montón de cosas. Increíblemente pronto, los vaticinios de Rebecca dejan de ser un puñado de desvaríos inquietantes para convertirse en la hoja de ruta de mi vida a corto plazo.
Conque he
bajado a la calle a comprar los periódicos del día. No iba totalmente
despierta y no iba totalmente vestida, pero para cualquiera con quien me haya
cruzado sólo soy otra excéntrica agobiada por la llegada del verano, la promesa
de las vacaciones y un nulo sentido de la moda.
En cuanto
cruzo la puerta me deshago de la ropa y pongo una soperita al fuego. El
té del desayuno también va a volverse un poco majareta, con esa nube de leche
fría y el chorro de brandy cortando la mezcla.
Porque
Rebecca dijo "tu hija". Dijo "Quedan apenas unos
segundos". Por eso.
Llamadme
floja.
Cotorreo
las secciones de sociedad y espectáculos antes de ir a la obligación.
Gente guapa en momentos bajos; gente menos guapa que asiste a una premiere,
a un acto benéfico, a la inauguración de una galería al norte de la ciudad
(desvergonzadamente llamada "Going Scotts") repletita de caricaturas
grotescas de todos los miembros de esa serie de la tele, "Remedios
tardíos". La Asociación de Seguidores Leales de Series de Médicos ha
ampliado la demanda que ya interpuso contra la productora de televisión RTQ
para que les hurguen los bolsillos a la pareja de maduritos gays que acaban de
abrir la galería, mira tú.
Anoche,
al volver a casa, me encontré un sobre en el buzón. No os creeréis lo que
había dentro.
Una
tarjeta. Y una nota. De las que apremian cuando menos falta hace.
Uf.
Y en el
contestador automático, un mensaje. De Ben.
Parece
que sí, que ya tiene agente. No se metió a detallar el asunto con
metáforas maoístas (hay quien entiende para qué sirve un contestador: sé
directo, sé breve, ya te llamaré. Y mientras tanto, los demás nos
comemos las uñas pero bien. El subsiguiente asalto a la nevera es cosa
sabida).
La
premiere es de una peli nueva, "Tiros largos". Trata de una
guardia de seguridad bastorra y en paro (me chorrea a borbotones de los poros
una corriente de simpatía sincera hacia la muchacha en cuestión) contratada
para hacer de guardaespaldas de un magnate de los aperitivos salados (el galán
David Dool).
Como
ahora mismo estoy tan baja de moral que no opondría resistencia ni al rodar de
la bola de un escarabajo pelotero ("¡Qué enrollada eres"!), pues me
muero de ganas de ver la peli. Al contrario que los antidepresivos, las
comedias románticas no tienen contraindicaciones (miento: "No ver en
casa con alimentos grasos o azucarados de fácil acceso a tu alrededor") y
te hacen sentir bien durante un rato, al menos. Chistes tontos, chistes
inteligentes, escenas de acción bobaliconas, amagos de besos, besos
salvajes de mentira...
-¡Cállate!
Desde el primer día me tienes loca con esos pistachos pelados que gastas por
ojos.
Raptos de
fantasia: anhelos y dulces sueños.
Ben ya no
me necesita. A ver de quién seré madre. Y la tarjeta. Me
llamo Pam, estoy en paro y creo que a punto de volverme majareta.
Le doy un
buen trago al té de alcohólica. Recorto a dedo la foto de David Dool (¡es
un soseras tan mono...!) pensando lo que pensamos todos siempre: "Seguro
que esta vez, si lo hago con cuidado, me sale bien y todo". Los
bordes del recorte quedan tan impresentables como si lo hubiese arrancado de la
hoja del periódico a mordiscos (menos el babeo) y, un poco culpable, la pillo
por debajo de uno de los imanes de la nevera. Hala, venga. Suspira
y frunce el morrillo lo que quieras, se acabó la diversión. Debería echar
un vistazo a los anuncios de colocaciones.
Huy.
¿Se me nubla la vista o sólo es que estoy pensando en otra cosa?
Nacida de
mí. Adiós, Ben. Segundos.
Nota con
tarjeta:
"Querida Srta. Pecker: después de
presenciar el otro día su arrebato de ira y la posterior muestra de compasión y
bondad (si es que es de lo que iba tanta charla errática con aquel pobre
conserje), no pude sino tratar de averiguar los motivos de tanto
desplante. Aunque Adriana se mantuvo tan altiva, diva y elusiva como es
su costumbre, preguntando con discreción a las empleadas de Editors From
Alexandria pude descubrir que acababa de perder usted su trabajo por la nueva
(y, en mi opinión, equivocada) política de la compañía. El caso es que
necesito hacer una revisión de mi nuevo libro, del que todo el mundo espera
otro éxito. ¿Podría ayudarme con esto? Espero que le interese mi
oferta y se ponga en contacto conmigo lo antes posible (adjunto tarjeta).
Suyo,
Mike Miles DeMoors"
Vaya.
Después de todos estos años de agonías, mi archinémesis se pone comprensivo
conmigo…
Y sí,
nada más leer la nota acudí a la fuente de conocimiento más clara. No, no
llamé a mis amigas ni a mi madre. Tampoco a Ben, fuera del puerto y
adentrándose en el mar en barco ajeno.
Llamé a
Rebecca, adivina infalible.
-Pero,
querida Pam, si tu archinémesis eres tú misma.
Lo que no
deja de ser verdad si lo piensas con calma. Pero me supo a cuernos.
Sobre todo, porque así pierdo la excusa más simple para huir de Mr. Rey
Baltasar.
Elegir,
había dicho Rebecca en medio de todo aquel caos mental. Pues bien, aquí estoy,
ojeando los clasificados del periódico.
"¿Quieres
ser el amor de mi vida? Alto, fuerte, 32, deportista, aficionado a la
observación de renos..."
Los fríos
rumiantes explican muchas cosas.
"Nuevo
en la ciudad. 30, Ejecutivo de holding muy conocido, coche grande,
dúplex, coleccionista de pintura moderna. Listo y rápido, me afanaré en
satisfacer todos tus deseos".
Vaya.
El genio de la lámpara vive en una casa de revista. Lástima que parezca
más ansioso que una hilera de termitas subiendo el tronco de un árbol.
A estas
horas, cualquiera se habrá dado cuenta de que no estoy leyendo los anuncios de
colocaciones, sino los de contactos, mucho más divertidos.
"Busco
otro par de piernas para aprender a bailar".
"Amante
del aeromodelismo, inexplicablemente sin pareja..."
"Tímido
a la espera de tu llamada". Si aprovecha su sofá, al menos estará cómodo.
"Busco
chica guapa con la que chatear".
Ahí me da
la risa un rato, ya perdonaréis.
"Perdido
sin ti". Debiste elegir la brújula y no la caja de pañuelos cuando
repartieron los restos del naufragio...
"Gustando
el aire libre y el cine..." Lo dudo, Drive-in Billie. Pero a
ver si encuentras a otra excursionista capaz de tragarse que el autor de la
película es el director.
La taza
de té envenenado está vacía desde hace rato. Así que decido saltarme el
resto de los anuncios de estos tíos y pasar a la sección de ofertas de empleo.
"Secretaria
de dirección para gran empresa de ámbito internacional. Requeridos cuatro
idiomas, manejo de aplicaciones informáticas de gestión y buena
presencia..." Ah, no, calla. Éste es el de Atenea hecha carne
de currita.
Insensata
de mí, a ver dónde paran los otros. Los corrientes y sensatos. Los
chungos, vamos.
Sí,
justo. Aquí.
"...En
bar, sesenta horas semana, sueldo base y propinas..."
"...De
limpieza busca..."
"...Chivo
expiatorio para claustro de colegio religioso..."
"...Modelo
de orejas para anuncios de
gafas…”
Y uno que
pinta verdaderamente genial para una parada sin autoestima ni habilidades
especiales:
"¡Hazte
profesional de los ramos de la estética y la peluquería! Formación
relámpago a cargo de la empresa. Periodo de prácticas con sueldo mínimo,
ascenso a oficial en menos de dos meses..."
Perfecto.
Marujeo, aprendizaje meteórico (lo digo por su velocidad; espero que no me dé
gases) y seguro que ligero; sueldo. ¿Ahora mismo? Suena
a música celestial.
Me apunto
el número y llamo.
-El Can
Galán, dígame...
Conque es
ese tipo de salón de belleza: una peluquería de mascotas. De las que
tienen junto a la puerta un menú completo. Despulgar, lavar y
marcar; Rizados, kikirikís y tintes creativos.
La
revelación me golpea como un ariete de los de toda la vida, los de cabeza de
carnero (diseño de un Aries que lo tenía claro).
El chicle
baila y chasquea entre los dientes de la chica que hay al otro lado del
teléfono. Me imagino sus ojos tirados a lo alto: "No os estoy mirando, así
que haced como que no estoy aquí. Disculpa, esta llamada es importante (entiende
de una vez que tú no)".
-Hola.
Me llamo Pam Pecker. He visto vuestro anuncio en la prensa...
-Lo
siento, cielo. Fue una broma de mi novio Ian. No, repito, no vamos
a celebrar una despedida de soltero con sorpresa...
-Por mí
genial, yo llamo por lo del empleo de estética.
-Oh.
Tú no sales de tartas en tanga.
-No llevo
intención, no.
-¿Y
podrías venir hoy mismo? La experta en Cardados de Concurso Urgentes se
ha quedado en casa con paperas, y la verdad es que andamos un poco cortas de
manos útiles (las inútiles desbordan, benditas sean sus tarjetas de crédito).
Llevamos una mañana de perros, para qué engañarnos...
Contemplen
el plan de formación, damas y caballeros. Es rápido. Qué digo
rápido: es más corto que la distancia entre el anular y el corazón de la mano
de una muñeca. Se apellida Inmediato. Es ir aprendiendo sobre la
marcha, más o menos lo de siempre: "Apáñatelas como puedas, pero sácalo
adelante".
Una
escuela de pensamiento de las de toda la vida, prima carnal del pragmatismo y
gemela univitelina de la necesidad más imperiosa. La nota del gran DeMoors
aúlla desde lo alto de la cómoda. El petirrojo de mentirijillas finge
gorjear junto a la geoda una de sus canciones favoritas: la la la, no te
oigo...
-Me paso
por ahí en menos de una hora.
-Soy
Susan. Hoy la jefa no está, así que me toca ir de jefa en
funciones. ¡Ja! ¡Merrywee, no escondas los rulos de detalle!
-Encantada,
Susan. Una sugerencia: si pasa por ahí la de la tarta, no la dejes
marchar. Ponla a lavarles y cardarles las lanas a los caniches.
¿Sin pringarse de merengue y con los que aúllan siendo perros de verdad?
¡Aceptará encantada!
Susan se
echa a reír.
-Qué larga se me va a hacer esta hora.
A mí me lo va a decir.
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