Mi novela "¡TE LEO, CIELO!" Cap. 13 / Esto es un oasis de felicidad zumbona e indolente y esto otro de aquí, un punto de giro.
La noche tarda en llegar el 24 de Junio. Pero llega.
Y estoy... tantas cosas. Exhausta, claro.
Esperanzada por Ben y el original de ADIVINA MI CUMPLEAÑOS, que se esconde en
Avalón, debajo de un paquete de semillas de manzano. Feliz por Jill, que
ha dado un salto de fe pura a una vida mejor.
He parado a comprar unas "delicatessen" de
camino a casa: kebab de pollo con salsa de verduras parrilladas, pastelillos
de nueces y pasas, una botella de vino blanco del sur de España...
En casa, vestida de corto y con zapatillas blandas de
tela fresca y suela de esparto, me preparo la mesita baja para una pequeña cena
de celebración.
¡Qué rayos, me la merezco!
Abro la botella de vino blanco y me sirvo un vaso; lo
paladeo mientras voy a por servilletas.
En las noticias de la tele, un día sin políticos ni
desastres da para exposiciones de pintura, carreras de sacos en Tunguska y
cotorritas ganándose el alpiste en un club de carretera.
-Cuenta unos chistes graciosísimos. Y no veas
como se entona la parroquia...
Da para lanzar la canción del verano (dos chicos
lánguidos -¡monísimos de la misma mona!- intentando dar alcance con sus
meneitos a un fondo de pachanga pura) y para recordar al Sheriff de
Nottingham.
Para multitudes jugando a los druidas en Stonehenge
desde la aurora al crepúsculo. Y para los primeros círculos de las
cosechas del año...
En un campo de Warwickshire, el cereal aplastado
dibuja un bisonte de estilo paleolítico en dos amarillos diferentes.
Y sólo a treinta kilómetros de allí y en la misma
noche -en una llanura abrasada el año anterior por un idiota, una colilla sin
apagar y una semana sin lluvias- ha aparecido una palabra escrita en sánscrito
con caracteres gigantes: "fénix".
Lo cual es muy molón.
Aunque ya se sabe que todos los expertos en sánscrito
son unos cachondos mentales irremediables. Iluminados, quieras que no, de
tanto leer mensajes del infinito, acaban convertidos en embajadores de la risa
cascabelera y el troncharse sin daño.
Gente maravillosa.
(Y unos bromistas).
Mmm. Conocí a un caso tardío, catedrático de
lenguas muertas en una venerable institución más muerta todavía; una sota con
almorranas durante setenta y tres años completos. El día de su
cumpleaños, un estudiante vengativo le regaló un cojín de pedorretas y, en
fin... Duró solo dos meses más.
Lo mataron las carcajadas. Pero se hizo enterrar
con el dichoso cojín: el testamento rectificado era muy claro al respecto.
Hablando de estudiantes: la policía asegura haber
desarticulado las dos fraternidades universitarias rivales culpables de los
últimos sembrados estropeados.
Tomas de las habitaciones de la residencia
universitaria... Libros, ropa sin lavar, un póster en muchas paredes:
el de Laureline Humps, Miss Hermandad Verdadera.
-No sabemos cómo lo hicieron, pero sí sus motivos...
Al parecer, los agentes encargados de la investigación
requisaron varios gigas en manuales de satélites militares; memorias con virus
de ordenador desconocidos y esquemas detallados en papel de arroz de los
dibujos aparecidos en los campos. Con esa última prueba...
De repente, se corta el reportaje. El locutor
pide disculpas sobre un error; el portavoz de los cuerpos de seguridad del
estado desmiente la posesión de información militar.
Y pasan a comentar un desfile de lencería con
transparencias.
Ahora, te dejaré un minuto a solas con tus
pensamientos.
...
Tres, dos uno...
¿Listo? Bien.
Y llegan los deportes. Aprovecho para jalarme
los pastelillos y echarme otro lingotazo de vino, más por acompañar que por
vicio.
Son veinte minutos de deportes.
Quince de opiniones de gente que no lo practica (con
imágenes de fondo de entrenamientos, todo más o menos lo mismo).
Y cinco de ruedas de prensa, mi favorito: una
experiencia de meditación pura, sin ideas, oyendo el eco del vacío absoluto
mientras tratas de ponerte en lugar de cada uno de los muchachos y
descubres, sumida al fin en un éxtasis aterrador, la nada que subyace a todas
las cosas: el zumbar del campo universal hueco, con sus bosones ubicuos y sus
leptones a medio girar. Om.
El tiempo. Mañana lloverá por la tarde.
Pues bueno.
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Me levanto para recoger. Aaaaaaay.
Y entonces, ocurre.
-Era rey en una tierra olvidada rodeada de selvas y
minas de piedras preciosas...
-Lo necesitamos. Su linaje es el del Rey Sabio y
la Reina de Saba...
-No te preocupes, padre. Ese infeliz es mío.
Oh, no. No no no no no no no....
Es uno de esos trailers que te destripan la película
entera.
Lo reconozco todo. El sable alzado, la tiara
infantil de oro rota y moteada de rojo espeso, el aullido de horror; el pozo de
fuego, la huída a través de la selva. Los constructores, el cedro y la
piedra; la esclava sin vista, el dulce tormento del engaño en el jardín, el
pesar secreto; la llegada de la estrella, el viaje. El tercer hombre, el
guardián del tesoro; tan joven, heredero de un imperio que jamás llegará a
tener. Y ante el portal, el africano tirando de filo y el otro, ya viejo,
incapaz de pararlo:
-¿Sabes qué dicen en mi país?
El ceño durísimo del vengador, mientras escucha...
-Al final, cada uno tiene el Dios que se merece.
Título, créditos, Muy Pronto En Un Cine Cercano.
El plato y los cubiertos se me caen al suelo. Me
desplomo sobre el sofá, porque han hecho una película de "Sabios de
Oriente".
Y puedo adivinar el futuro...
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