Mi novela "¡TE LEO, CIELO!" Cap. 05 / ¿Negación? No, qué va…

No me da la real gana abrirlo.

Lo tiro sobre la mesa baja, la que tengo delante del sofá para poder golpearme las tibias cada dos por tres. 

Me saco la ropa, la echo al cesto de la colada y me meto en la ducha.  El agua fría no lo está tanto, pero después de unos minutos me acaba por espabilar.  Respiro a gusto un rato, sólo por respirar. Y no hago nada más. Soplo las gotas de agua que me chorrean de la nariz sobre el labio superior.

Me seco un poco.  Salgo a la alcoba y me pongo algo ligero y cómodo de algodón.  Abro un frasquito de colonia.  Mojo un dedo en la boca del frasco abierto y me acaricio el cuello.

Me miro un rato en el espejo de cuerpo entero. 

¿Esto es fiebre?  Me tumbo un rato sobre la cama hecha y me quedo mirando el techo en penumbra.  Otra vez me esfuerzo en dejarlo todo menos la respiración.

Unos minutos después estoy dormida.  Y sueño.

Sueño algo agradable.  Algo bueno, algo que me merezco. 

Pero cuando despierto, me siento desorientada y el sueño se esfuma en el olvido.  Cuando recuerdo dónde estoy, qué hora del día es ésta... Sólo me queda la sensación del descanso, de estar bien.

Salgo a picotear algo a la nevera.

El sobre sigue ahí.  Lo ignoro.

Enciendo la tele y cojo una revista que me prestó Lawra, la vecina del sexto.

-Y ahora,  el comentario de actualidad, con su anfitrión, Jake Riddell...

Zapeo a toda velocidad.  No estoy para oír rechinar los dientes de Riddell.  Siempre los rechina con sus chistes cínicos en El Primer Minuto.

Encuentro una película de monstruos con el viejo color de Inglaterra, el estampado de rosas pálidos y grises.  Un anciano flaco con ojos de hielo deja caer una frase arrogante; su ayudante, tontito pero mono, mira con cara de miedo hacia la oscuridad fuera de la ventana...

Zapeo.

Anuncios: os cuento...  Cerveza.  Rebajas de bikinis.  Tonos de móvil.  Un coche pequeño y feo vendido en seis tonos de verde por seis jóvenes desastrados pero de una simpatía chocante. Crema rejuvenecedora (por si dudabas de comprarte el coche del anuncio anterior, supongo).  De nuevo las rebajas de bikinis, ahora también bajo blusas blancas, sueltas y etéreas. Chocolate.  Más tonos de móvil.  El partido de mañana por la tarde, planos rapidísimos, música trepidante, todos los trucos del montaje y uno más.... Otra cerveza distinta.  Ropa íntima.  Más chocolate. 

Zapeo.

-Con sólo dos gotas cada semana, mirad cómo se ha puesto de lozana y hermosa nuestra planta de interior...

¡Vaya!  Me gusta.

Conque dejo de momento el canal de la jardinera de mentirijillas, ya os sabéis el percal: la tía incitando en plan inocente al maltrato y exterminio de miles de plantas indefensas a manos de solitarios de alma triste, manos torpes y una absoluta incapacidad para alimentar y mimar a otro ser vivo.         

Vuelvo a la revista, la abro a capricho y empiezo a ojear ilustraciones a toda página y titulares con letra gorda.

Desde la mesita de centro, el sobre manifiesta una paciencia y un saber estar enloquecedores.

Pongo todo mi interés en los anuncios de ropa.  Hey, mira qué vestido fresco tan bonito.  Juvenil pero elegante.  Y el plano detalle de la costura sobre el bolsillo izquierdo de estos vaqueros, con hilo color mostaza sobre el azulón de la tela…

Ese maniquí.

Sin cabeza.

¿Por qué el maniquí está decapitado?

Espera.  En la calle.  Ahora que me acuerdo, casi todos los escaparates que he mirado últimamente tenían esos maniquíes decapitados...

¿Qué quiere decir esto?

-Corren muchas leyendas sobre el Tronco del Brasil...

Zapeo.

Es el punto final de un partido de tenis.  El macizo ganador salta aullando, rebosante de adrenalina.  Lo pasan a cámara lenta: su rostro, sus brazos tensos en un gesto de poder y triunfo…

De repente me doy cuenta de que estoy interesada y casi babeando por ese tío empapado de sudor que da tan bien a cámara.  Uf.

Más anuncios… 

Apago la tele. 

Cierro la revista.

Me quedo mirando el vacío un rato, disgustada.  Y luego...

Miro el sobre.

Gruño.  Sé que ya toca rendirse.

Rasgo el sobre.  Tiro del fajo de hojas        y lo saco... 

Lo tanteo, lo manoseo, hago correr las hojas aleteando de paso bajo la yema de mi pulgar como un tahúr del oeste con una baraja. 

Suspiro, lo cuadro y me encaro a la hoja del título:

“ADIVINA MI CUMPLEAÑOS”.

Bueno, qué te parece.  Igual tengo suerte.

Igual no hay templarios ni conspiraciones.

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¡TE LEO, CIELO! © 2009, 2025 Carlos Pueyo Montañés


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